¿A ti quien te ha dicho que eres la hostia?
Pues no lo soy. Creí que lo era, pero no es así. Creí ser fuerte y autosuficiente. Creí poder con todo y aguantar lo que me echasen. Creí no necesitar jamás a nadie. Solo que por más que intentas convencerte de que no es necesidad, que puedes tirar de eso y de mucho más, que puedes ser distante y que nadie te importa, llega un día en que todo cae sobre ti. La independencia se convierte en una necesidad tremenda. La fuerza se convierte en la mayor de las debilidades. Y la paciencia y el aguante se convirten en la mayor pérdida de papeles del mundo.
Cuando todo eso pasa, el estado anímico y físico se resiente... y aquí estoy yo, hecha polvo anímica y físicamente.
Y es en momentos así cuando te lo planteas todo. Cuando ves que necesitas un cambio y reconducir tu vida te das cuenta que no puedes seguir manteniendo una situación incómoda y piensas en si será la decisión correcta. ¿Lo es? Hoy, primer día de reflexión, creo que lo es. Lo correcto es acabar con esta situación, dejar las cosas claras y dejar que sea el tiempo el que marque las pautas. Pero, ¿realmente me conviene perder lo mínimo que tengo de ti? ¿realmente quiero algo más? ¿es cierto lo que repito una y otra vez a la gente de que no quiero más que tu presencia o solo me autoconvezco? ¿puede ser alguien tan importante como para sólo necesitar su presencia para estar bien? y lo más importante, ¿qué soy yo para ti?
Día uno... creo que puedo estar sin ti.
*Canción para amantes que se toman un tiempo*
Guaraná